Judith Sierra

¿Puede el arte salvarnos de la vida?

No deberá el lector tomar la pregunta en su sentido literal, tampoco buscar una respuesta absoluta ni olvidar tres palabras que aparecerán repetidamente a lo largo de la lectura: arte, salvación y vida. La arteterapeuta Itahisa Mateo fusiona a diario en su consulta estos conceptos para, como ella misma afirma, «acompañar procesos a través del arte».

Itahisa comenzó su camino en Arteterapia Hauschka de la mano de la que considera su maestra, la arteterapeuta Maya Moussa. Una formación que le permitió aprender a recoger todas esas emociones que las personas liberaban a través de la creación artística. Dedica su vida a la arteterapia impresiva —corriente que pone el foco en las emociones internas que genera la obra creada— con su proyecto Amarte, donde ayuda a sus clientes a través de distintas técnicas artísticas y el uso de los colores. Sobre estos últimos, afirmó Wassily Kandinsky que eran «un medio para ejercer una influencia directa sobre el alma».

En definitiva, un viaje desde el exterior —con la creación artística como punto de partida— a las profundidades del alma humana que ayuda a completar la curación por la palabra.

¿Qué diferencias hay entre la terapia ocupacional y la arteterapia?

El terapeuta ocupacional está formado en terapia ocupacional y en hacer diferentes actividades para que tú te sientas mejor. Es como lo de «pintar mandalas relaja», eso no es arteterapia. Tú pintas mandalas, te relajas y puedes desarrollar tu creatividad porque utilizas colores, te vas desbloqueando de algunas cosas, pero lo más importante de la arteterapia es que haya un arteterapeuta que acoja eso y que sepa guiarte en tu proceso personal.

En realidad, es una disciplina que complementa la terapia psicológica, no la sustituye. Yo tengo muchos clientes que tienen su psicólogo y, además, vienen conmigo. También personas que vienen solamente conmigo y hay determinado momento en el que yo les aconsejo que busquen también asistencia psicológica porque aquí sí que hablamos, pero no es el objetivo, y hay situaciones en las que eso viene bien. Sería maravilloso que las personas pudieran tener asistencia psicológica de esta manera: desde lo verbal y desde el arte.

¿Cómo complementa la arteterapia a la terapia psicológica?

Con la arteterapia accedes muy rápido al inconsciente. A través del arte podemos acceder a lugares de la mente donde la palabra no basta. Hay lugares donde la palabra no llega y a través del arte es más fácil para la persona, facilita ese acceso.

Cuentas en tu página que la naturaleza, junto con la pintura, ha sido tu gran maestra y ha marcado tu vida. ¿Qué crees que nos aporta la naturaleza?

Yo creo que nos acoge totalmente. Llevo como un mes yendo al campo todos los domingos porque necesito que mis ojos respiren. Necesito soltar toda la carga de la ciudad, del día a día y de lo que sucede en la consulta porque es muy potente. Te cargas mucho y necesitas soltar, ir a la naturaleza y caminar.

Ahora he empezado a trabajar en la Cruz Roja con mujeres víctimas de violencia de género y en situaciones de vulnerabilidad, en grupo, y te cargas muchísimo. Cuando estoy ahí, estoy genial, estoy sosteniendo todo, estoy en mi lugar; pero no dejas de sostener mucha emoción y muchos comportamientos. Todo eso lo has recibido y hay que soltarlo.

¿En qué consisten esos talleres en la Cruz Roja?

De momento, van a ser tres sesiones con dos grupos, este fin de semana fue la segunda sesión. En la primera, se pudo quedar la psicóloga que trabaja con ellas y alucinó porque facilita mucho la expresión, la liberación emocional. Te ayuda mucho a vaciarte, porque estamos muy acostumbrados a no contar y a guardarlo todo. Eso el cuerpo lo registra, se lo queda. Hay un libro muy bueno que se llama El cuerpo lleva la cuenta y es así.

Con esta técnica se libera mucho. Yo creo que es porque el cuerpo interviene en la obra. Cuando estás pintando, por ejemplo, tu cuerpo se mueve —o no, eso se va viendo y es algo en lo que se va avanzando, en cómo involucramos el cuerpo a la hora de pintar— y como nos movemos de una forma en la que no estamos acostumbrados… También influye el color, que se mete en la retina, nos crea sensaciones y nos lleva a recuerdos, a momentos.

Este trabajo, como todo proceso terapéutico, es largo, no es milagroso. En un mes te puede solucionar algo concreto, pero no vas a cambiar conductas, pensamientos o formas de enfrentarte a las situaciones. De eso es de lo que se trata, de hacer cambios que faciliten tu vida; que adoptes esa forma de reaccionar, de enfrentarte y de sentirte; que tengas esa emoción y ya sepas cómo gestionarla, no que la gestiones en ese momento y luego aparezca otra vez y hagas lo mismo.

¿Cuál es la mecánica de esas sesiones?

Con este grupo de mujeres, como solo tengo tres sesiones, he puesto el objetivo en la confianza, que confíen en el grupo, entre ellas. Ayer, por ejemplo, que fue la segunda sesión, hicieron un grupo de WhatsApp. Ya tienen ahí su red, su apoyo, y eso es porque han podido confiar en ellas y en el otro; confiar en que pueden tener una vida mejor y en que hay otras personas que las pueden ayudar.

¿Qué tipo de creación han realizado?

Hemos trabajado con pigmento, que es una herramienta de la Arteterapia Hauschka. El primer día les di el amarillo, porque es un color que tiene mucha luz, y les hice elegir entre el rojo y el azul. Son colores que se llevan bien, que cuando los ves no te sientan mal. Trabajo mucho desde ahí, desde lo que te imprime el color. Se abrieron mucho y salieron imágenes muy interesantes.

Algo que sucede mucho y quiero investigar es que te lleva a la infancia. Te lleva ahí total, sobre todo porque son personas adultas —la mayoría de mis clientes son adultos, personas conscientes de sus bloqueos que quieren hacer algo con ello— que en su mayoría no han vuelto a pintar desde que eran pequeños.

¿En qué sentido son importantes los materiales empleados?

Yo trabajo, por ejemplo, con acuarela líquida en papel mojado que es una técnica terapéutica, no artística. Nos sirve para trabajar con la emoción, ayuda a respirar, es muy específica. Lo que hace es armonizar tu respiración que, de hecho, es algo que observo, el cómo respira una persona.

Si tú haces una pincelada larga, tu cuerpo entra en esa sintonía, el cuerpo acompaña al movimiento. Es una técnica que se llama ejercicio respiratorio y consiste en hacer los diferentes momentos del día —ahí trabajas mucho con la luz y la oscuridad interior—; se trata de recorrer desde el amanecer hasta el anochecer y la noche oscura.

En todo ese trabajo, que son más o menos nueve sesiones, la pincelada es larga y, al final, tu cuerpo entra ahí. La persona pinta como viene, pero yo le invito a soltar la pincelada. Pinto a su lado, me sienten y, al final, sueltan un montón. Luego, el pigmento ayuda mucho a soltar por la forma en la que se trabaja.

También trabajo mucho con los colores. Cuando hay ansiedad, no, porque ya hay mucha emoción, así que trabajo más con blanco y negro, con carboncillo, para liberar. Cuando tienes ansiedad, tienes mucha presión, muchas emociones que te están presionando; has tenido emociones que no has soltado y se acumulan. La oscuridad es como el silencio y el color te despierta cosas, entonces en esos casos utilizo más el blanco y negro y el pigmento.

La acuarela y el pigmento, por ejemplo, están contraindicados en problemas mentales como la psicosis y los trastornos bipolares. Mueve mucho y esas personas ya tienen mucho movimiento interior, lo que hace falta es calmarlas. ¿Cómo? Con la geometría, que crea orden. Todos venimos aquí con nuestra maraña y la vas deshilando cada vez que vienes.

Amarte, el nombre de tu proyecto, contiene la palabra amor, amarte (amarse a uno mismo) y arte. ¿Cómo fue la elección del nombre?

El nombre lo pensé hace mucho tiempo, pero me daba miedo por la potencia que tiene. Estaba en ese momento de pensar cómo iba a sostener todo lo que traían las personas y el nombre era muy potente. No tenía la seguridad de sostenerlo.

Creé el proyecto en México con una chica que me ayudó. Estuvimos haciendo una lluvia de ideas para el nombre, escribiendo palabras que representaran lo que yo quería transmitir con mi trabajo: amor, arte, paz, tranquilidad… Al final, amarte.

El color de la «a» de arte es el del cuarzo rosa, que es una de las piedras por excelencia del amor propio. La gente al final a lo que viene aquí es a eso y en todos los procesos acaba saliendo la palabra. También está dentro del nombre el ir a Marte, al planeta, porque amarse es un viaje, no es de la noche a la mañana, es un trabajo continuo de conocerte y construirte como persona.

Amarse es un viaje, no es de la noche a la mañana, es un trabajo continuo de conocerte y construirte como persona.

¿A qué lugar o emoción puede llegar el arte que no puede llegar la palabra?

Yo creo que donde va, y eso es lo que quiero estudiar porque es brutal, es a un momento del recuerdo. Como los olores que te transportan, pues cuando pintas o creas, te vas totalmente. Yo creo que te conecta con tus bloqueos internos, con un trauma que pueda haber. Desde ahí, a través del arte, es como poner una luz, poner una linterna a algo que sucede.

¿Qué ventajas tiene la arteterapia sobre la terapia mediante la palabra?

Una de las ventajas es que es comunicación no verbal. Llegas más rápido a lo que sucede, que no significa que lo soluciones rápido, pero sí llegas rápido. Hay personas con las que cuesta más y otras con las que menos, pero aparece.

Ha venido gente que ha tenido sesiones con su psicólogo que no les han gustado, personas que han tenido malas experiencias con la psicología y vienen aquí sintiendo que esto les va a ayudar, que esta es la manera que ellos necesitan porque va más desde lo plástico, desde el crear. En el fondo, va desde el ser. Hay personas a las que les cuesta y venir ya es un paso para ellas porque aquí entras en lugares que no te apetecen, no es divertido.

¿Crees que la arteterapia podría ayudar a romper el tabú sobre la salud mental?

Yo creo que sí y, además, hay que hacerlo. Yo, por ejemplo, llevo a mi hijo a una psicóloga que trabaja a través del juego, es una psicóloga infantil, y le hablo a él de que va al psicólogo. Hay familias a las que les vendría bien llevar a sus hijos al psicólogo y no lo hacen porque es tabú y ya significa que tiene un problema. Todos tenemos problemas y los padres no tenemos que tener tampoco esa responsabilidad de solucionarlo.

Igual que la terapia de pareja ¿por qué tiene que ser un tabú que vas a terapia de pareja? Creo que vivimos en un mundo de «todo está bien» que nos lleva a la sociedad de la que venimos, la de todo perfecto, la familia perfecta… Pedir ayuda no es un fracaso. A mi me vienen muchas personas que no saben pedir ayuda.

Pedir ayuda no es un fracaso.

Y, sí, creo que a la gente le da menos cosa decir que van a hacer arteterapia que decir que van al psicólogo. Aunque es algo que tampoco se cuenta porque aquí vienes a investigarte, a ver dónde está tu dolor. Es una forma muy amable de afrontar el dolor que hay dentro; no es solo que lo hables y lo sientas, sino que lo ves y lo puedes transformar, se transita de otra manera. Cuando lo hablas, te puede servir; pero cuando ya lo ves, le das una forma, un color, ya te estás mimando más, te permites cosas que no te permites hablando. Eso no lo genera la palabra.

Algo que también se trabaja, aunque yo no pongo el foco en eso, es la creatividad. Cuando trabajas con tu creatividad, en las otras áreas de tu vida también eres más creativo y la creatividad nos ayuda a sobrevivir, es lo que hace que resolvamos problemas. Una persona creativa sabe resolver los problemas de una forma más fácil.

Ahora se está estudiando también, a nivel neuronal, las conexiones que hay cuando haces arteterapia. Hay conexiones neuronales que ayudan a comportarte de otra manera, ayudan a esa plasticidad cerebral que facilita cambiar y tener otros hábitos y conductas.

¿Cuáles son las emociones que más aparecen en las sesiones de arteterapia?

La ira, el miedo, la tristeza y también aparece de fondo la envidia. Algo que trabajo mucho son los límites en el sentido, por ejemplo, de no saber decir que no a otra persona, no permitirte hacer lo que tú quieres, autolimitarnos por miedo. Estamos enseñados en que el egoísmo va de la mano de ser amable y generoso con uno mismo.

Es muy simple, pero a lo mejor prefieres y necesitas estar en el sofá de tu casa un domingo, igual lo necesitas y no te lo estás dando. No eres capaz de decir que no y te sientes mal. Claro, la culpa está ahí, va todo de la mano. Al final, amarte es un camino de empoderamiento, tanto del hombre como de la mujer.

Al final, amarte es un camino de empoderamiento, tanto del hombre como de la mujer.

¿Crees que nos educan con el foco puesto en los otros?

Sí, no nos enseñan a escucharnos y eso es algo que pasa con el arte. Yo trabajo mucho con el silencio externo, que facilita la comunicación interna porque te escuchas. Cuando las personas están creando, aparecen cosas porque se facilita la comunicación. Si no, en esta sociedad no nos da tiempo a escucharnos, no tenemos tiempo o no tenemos la costumbre.

¿Cómo definirías tu papel en las sesiones de arteterapia?

Como un cántaro donde hay agua en el que te puedes reflejar, donde puedes ver lo que hay. Yo no soy un lugar donde dejar las cosas, sino que sostengo lo que tienes y lo puedes ver, te puedes mirar; porque hay lugares donde no te puedes mirar, no lo soportas, no es fácil. En este espacio, se puede.

¿Es un impedimento el desconocimiento de la técnica artística?

No, de hecho, es mucho mejor no haber pintado nunca. Las personas que vienen de Bellas Artes tienen un escalón más que subir porque lo importante en arteterapia es el proceso, no el resultado, y en Bellas Artes siempre buscan el resultado perfecto. Tengo que sacarles un poco de ahí, del objetivo de querer hacerlo bien, porque no es lo que nos interesa. Aquí no está bien o mal, aquí las cosas están.

¿Qué te ha aportado a nivel personal dedicarte a la arteterapia?

A mi me da mucho amor propio, me siento muy bien con mi trabajo, como que estoy donde tengo que estar. En otras áreas de mi vida puedo ser más insegura, pero con esto es como que estoy aquí para eso. Me ha costado mucho, me ha costado que, por parte de personas cercanas a mí, crean en que esto que estoy haciendo es válido, que sirve.

Mi función es muy importante, ayudo a muchas personas a mejorar su vida. Hay un libro que se llama Tutores de resiliencia, me gustó y dije «es verdad, es lo que soy». Es la persona la que se va dando a sí misma lo que necesita, pero digamos que yo ayudo a que sepan lo que necesitan porque, como no nos escuchamos, no lo sabemos. No sabemos ni lo que nos pasa ni lo que necesitamos y aquí es donde las personas lo descubren. Además, hay un acompañamiento a eso que han hecho, a la obra, no solo es hacerla y ya está.

¿Cuál es tu próximo objetivo con la arteterapia?

Dar clase, enseñar arteterapia porque hace mucha falta. Hay muchas personas que se quieren dedicar a esto, es una profesión muy válida, muy poco reconocida y muy necesaria.

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3 comentarios en “¿Puede el arte salvarnos de la vida?”

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